Sincelejo: la paradoja de una ciudad que aún no resuelve el agua

El reciente pronunciamiento del gerente de Veolia Sabana, Fabio Araque De Ávila, volvió a poner sobre la mesa un hecho que Sincelejo ya no puede seguir ignorando: la falta de planificación territorial y el crecimiento urbano sin control están afectando directamente la posibilidad de tener agua 24/7.

Aunque Veolia ha avanzado en obras de optimización, el problema no radica en la operación, sino en la estructura urbana. Sincelejo ha crecido de manera improvisada, extendiendo sus límites sin garantizar la infraestructura básica que sustente esa expansión.

Barrios nuevos, asentamientos informales y urbanizaciones sin estudios técnicos rigurosos se suman a un sistema que ya trabaja al límite. No hay red que resista una ciudad que crece sin dirección ni orden.

Según datos dados por el gerente Fabio Araque, cerca de 5.000 familias habitan en más de 21 asentamientos informales entre la zona sur y norte de la capital sucreña, fuera de los circuitos regulares del acueducto. Estas comunidades no solo incrementan la demanda sobre el sistema, sino que también dificultan las soluciones técnicas y la planificación futura.

El Plan Zona Sur, presentado como la estrategia que permitirá alcanzar el servicio continuo de agua potable en Sincelejo, proyecta su implementación total hacia 2027. Sin embargo, ese horizonte se complejiza cada año con nuevas invasiones y desarrollos no planificados que amplían la brecha entre oferta y demanda.

Es decir, mientras se diseña una solución técnica, la ciudad sigue creciendo al margen de la planificación, haciendo que cada avance sea insuficiente frente al desorden que persiste.

La paradoja es evidente: mientras otros territorios de Colombia debaten sobre energías limpias, gestión digital y sostenibilidad urbana, Sincelejo sigue intentando garantizar el acceso al agua.

El atraso no está en la tecnología, sino en la mentalidad con la que se gestiona el territorio.

El agua se ha convertido en un espejo del modelo urbano: desigual, improvisado y fragmentado. Lo que debería ser un derecho básico se ha vuelto un privilegio intermitente, dependiendo del sector de la ciudad donde se viva.

Las realidades del territorio hablan y se expresan claramente: sin ordenamiento territorial coherente, no hay ingeniería que resista. La planeación no es un lujo técnico, sino una condición para el bienestar.

Sincelejo va mal, no porque falte agua, sino porque sobra improvisación. Y mientras sigamos gestionando la ciudad desde la urgencia, seguiremos atrapados en los mismos problemas que otros territorios ya superaron hace décadas.

Es hora de establecer la planificación como principio de gobierno y la visión territorial como estrategia de desarrollo. Solo así Sincelejo podrá dejar de resolver lo básico y empezar a construir futuro.

Porque el agua es solo el síntoma. El verdadero problema es que, mientras otros territorios diseñan su porvenir, nosotros seguimos intentando resolver el pasado.

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