Movilidad en Sincelejo: entre el anuncio y la sostenibilidad

El inicio de operación de 15 busetas urbanas en Sincelejo, bajo la denominada Ruta del Corazón Verde, marca un hecho simbólico para la ciudad. Durante años, la movilidad se ha sostenido casi exclusivamente en la informalidad de las mototaxis, consolidando un modelo precario que, aunque funcional en la inmediatez, es insostenible en términos de seguridad vial, eficiencia económica y equidad social.

El transporte público formal es, sin duda, una necesidad impostergable. La tarifa de $1.500, junto con las excepciones para estudiantes, deportistas y personas con movilidad reducida, apunta a criterios de inclusión y justicia social. Sin embargo, al analizar el sistema desde una perspectiva de planificación y sostenibilidad, emergen preguntas críticas que no pueden obviarse.

Un servicio con tarifa subsidiada requiere de un soporte presupuestal estable, y es sabido que el municipio enfrenta serias restricciones en sus finanzas públicas. La experiencia nacional demuestra que los sistemas de transporte solo logran consolidarse cuando existen fuentes de financiación sólidas y de largo plazo.

El caso de Transcaribe en Cartagena es ilustrativo: después de múltiples retrasos, solo logró estabilizar su operación gracias a un esquema de cofinanciación entre Nación y Distrito, acompañado de la implementación gradual de fuentes alternativas de ingresos. En contraste, Metrolínea en Bucaramanga evidencia lo contrario: sin sostenibilidad fiscal ni respaldo suficiente, el sistema entró en crisis, con buses varados y una cobertura mínima. Sincelejo debe aprender de ambas experiencias para no repetir fracasos.

La movilidad en Sincelejo no puede pensarse de manera aislada. El corredor Sincelejo–Corozal, Sincelejo–Sampués, constituye un área funcional evidente, con flujos diarios de personas, bienes y servicios. Sin una visión metropolitana, el sistema carece de escala e integración, condenándose a operar como un servicio fragmentado y limitado.

Otros sistemas en ciudades intermedias han demostrado la importancia de pensar en clave regional. El caso de Metroplús en el Valle de Aburrá, pese a sus dificultades, muestra cómo la integración tarifaria y operativa con el Metro de Medellín permitió superar las barreras municipales y dar sentido a una red metropolitana.

No basta con poner en marcha buses: se requiere un modelo institucional robusto, con reglas claras para los operadores, mecanismos de seguimiento técnico, control social y garantías de continuidad. La improvisación y la dependencia de voluntades coyunturales han sido, hasta ahora, el sello de la movilidad en Sincelejo. Persistir en esa lógica sería repetir errores del pasado.

La entrada de estas 15 busetas no debe subestimarse: representa un hito y una señal de que es posible avanzar hacia un transporte más digno y seguro. Pero el verdadero reto no es poner vehículos en circulación, sino construir un sistema de transporte público urbano y metropolitano, financieramente sostenible, institucionalmente sólido y socialmente confiable.

Mientras no asumamos la movilidad como política pública estratégica —más allá de anuncios y coyunturas— seguiremos atrapados entre la informalidad y la frustración de proyectos inconclusos. La ciudad necesita planificación, no soluciones parciales.

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