Sincelejo: la movilidad que nunca fue sistema
En muchas ciudades intermedias de Colombia, el transporte público dejó de asumirse como proyecto estructural para convertirse en una sucesión de intentos inconclusos. Sincelejo es un caso representativo: durante años perdió progresivamente su sistema tradicional de buses urbanos sin que lograra consolidarse un modelo alternativo estable y sostenible. Lo que debía ser una transición planificada terminó convirtiéndose en un vacío estructural.
El sistema tradicional de buses fue desapareciendo gradualmente hasta prácticamente extinguirse. Posteriormente se intentó suplir esa ausencia con algunos vehículos usados, mientras el proyecto SIBUS no lograba consolidarse. Sin embargo, la iniciativa nunca alcanzó una estructuración integral en términos operativos, financieros y regulatorios.
En algún momento entraron en funcionamiento algunas rutas formales. Con el tiempo, la operación se redujo a muy pocas conexiones hacia la zona corregimental. Incluso la ruta hacia el corregimiento de Chochó dejó de funcionar en medio de dificultades administrativas y del incumplimiento de requisitos regulatorios indispensables para la prestación del servicio.
Actualmente operan cerca de 15 busetas presentadas como la reactivación del sistema bajo el nombre “Ruta Verde”. No obstante, más que el resultado de una reestructuración técnica integral, representan un nuevo intento por cubrir un vacío histórico.
El problema no ha sido la falta de anuncios; ha sido la ausencia de modelo.
En ese vacío institucional, la motocicleta se consolidó como el sistema real de movilidad. La informalidad ocupó el espacio que dejó la falta de estructuración pública. Miles de ciudadanos resolvieron su transporte de manera individual ante la inexistencia de una red colectiva eficiente.
La moto no es el problema en sí misma; es el síntoma de una ciudad sin sistema. Cuando no existe red, cada persona resuelve por su cuenta. Pero esa solución fragmenta el territorio, incrementa la siniestralidad, presiona el espacio público y reduce la competitividad urbana.
Una ciudad donde cada quien resuelve su movilidad individualmente es una ciudad sin articulación territorial.
En este contexto han surgido propuestas como el tranvía urbano, el Tren Riomar o el Tren Caribe. Más allá de su viabilidad inmediata, representan algo más profundo: la aspiración de reconectar el territorio caribeño mediante infraestructura estratégica.
Sin embargo, ningún proyecto de movilidad será sostenible si la ciudad base continúa desarticulada. Un tranvía no puede ser una pieza simbólica; debe integrarse a una red reorganizada de transporte colectivo, con corredores jerarquizados y nodos intermodales que conecten efectivamente con ejes como el de Tolú - Coveñas.
El Tren Riomar y el Tren Caribe, en clave regional, podrían dinamizar puertos, turismo, agroindustria y logística en el Caribe colombiano. Pero la integración al Golfo de Morrosquillo no comienza en el puerto; comienza en la estructura urbana de Sincelejo.
Si Sincelejo aspira a consolidarse como nodo logístico, turístico y de servicios del Golfo, debe asumir la movilidad como proyecto estructural de ciudad. Eso implica:
· Reorganizar y formalizar el transporte colectivo.
· Consolidar una autoridad técnica con visión metropolitana.
· Integrar movilidad, uso y gestión del suelo.
· Pasar de rutas aisladas a una red supramunicipal planificada.
No se trata de traer más vehículos ni de anunciar nuevas rutas sin soporte estratégico. Se trata de definir un modelo sostenible en el tiempo.
Cuando la movilidad es débil, el territorio también lo es. Sin sistema, no hay articulación, y sin articulación, no hay desarrollo sostenible.
La pregunta sigue abierta:
¿Continuará Sincelejo administrando la fragmentación y el caos o asumirá la movilidad como el eje capaz de dinamizar no solo la ciudad, sino el Golfo de Morrosquillo e integrarse estratégicamente al Caribe colombiano?