Sucre a los 59: entre la inercia administrativa y la decisión estratégica
El departamento de Sucre cumple 59 años de vida institucional. Casi seis décadas después de su creación, la discusión ya no puede reducirse a balances de gestión ni a celebraciones protocolarias. La pregunta de fondo es otra: ¿hemos construido un proyecto territorial o simplemente hemos administrado la inercia?
Sucre no es un territorio carente de activos. Es un territorio con activos subactivados. Su localización en el Caribe colombiano, su vocación agropecuaria, su litoral estratégico en el Golfo de Morrosquillo, su biodiversidad, su potencial energético y su estructura urbana intermedia configuran una base objetiva para un salto estructural. Sin embargo, ese salto no ocurre.
El problema no es de diagnóstico. Es de decisión estratégica.
En el debate público suele atribuirse el rezago a factores históricos, al centralismo o a la insuficiencia presupuestal. Sin desconocer esas variables, la evidencia comparada muestra que territorios con condiciones similares han logrado diversificarse y sofisticar su economía cuando han definido con claridad su modelo productivo y su rol regional.
El subdesarrollo no es solo una condición económica; es una forma de organización institucional fragmentada. Es la ausencia de alineación entre planeación, inversión y proyecto productivo.
En Sucre, la planeación ha sido episódica. Cada periodo de gobierno redefine prioridades, reinterpreta diagnósticos y reconfigura apuestas. No existe una continuidad estratégica sostenida que permita madurar sectores, consolidar clústeres o estructurar ventajas competitivas de largo plazo.
Sucre produce, pero no transforma. La economía agropecuaria sigue operando bajo lógicas primarias, con baja tecnificación, escasa articulación a cadenas de valor y débil integración agroindustrial.
El resultado es conocido: bajo valor agregado, empleo precario y limitada capacidad de acumulación territorial.
Una visión tecnopolítica exige ir más allá de la retórica de la “vocación agropecuaria”. La pregunta no es qué producimos, sino cómo lo insertamos en cadenas regionales, nacionales e internacionales. Sin agroindustria, logística eficiente, infraestructura de frío y centros de transformación, el territorio seguirá exportando materia prima e importando desarrollo.
La transición de economía primaria a economía agroindustrial no es espontánea. Requiere decisión pública coordinada, alianzas productivas, crédito dirigido, innovación tecnológica y formación técnica alineada al modelo productivo.
El Golfo de Morrosquillo no puede seguir siendo administrado únicamente como destino turístico estacional. Es un activo geoeconómico de escala regional.
La economía marítima —puertos, logística, pesca tecnificada, energías offshore, turismo sostenible de alto valor— podría redefinir el papel de Sucre en el Caribe. Sin embargo, no existe una hoja de ruta integrada que articule infraestructura, ordenamiento costero, inversión privada y regulación ambiental.
Gestionar el litoral como paisaje es políticamente cómodo. Gestionarlo como sistema económico estratégico exige planeación supramunicipal, coordinación nación-territorio y visión de largo plazo.
Sincelejo, como ciudad intermedia, no ha consolidado un liderazgo estructurante sobre el sistema urbano departamental. El departamento opera como suma de municipios, no como red territorial articulada.
Sin sistema urbano no hay economías de escala. Sin economías de escala no hay competitividad.
Una visión tecnopolítica implica pensar en nodos productivos, corredores logísticos, especialización funcional de municipios y articulación rural-urbana. El territorio no puede seguir fragmentado en decisiones aisladas.
El reto no es solo mejorar indicadores municipales, sino estructurar un modelo policéntrico que permita distribuir funciones económicas y sociales de manera estratégica.
La discusión sobre infraestructura suele centrarse en la ejecución física de vías o equipamientos. Pero el verdadero déficit es la arquitectura territorial que les da sentido.
Las inversiones no pueden responder únicamente a demandas coyunturales. Deben responder a un modelo productivo definido. Sin modelo, la infraestructura se convierte en dispersión presupuestal.
La conectividad digital, la logística rural, los sistemas de riego, la infraestructura portuaria, las zonas francas y los parques industriales requieren coherencia estratégica. No basta con construir; hay que integrar.
A los 59 años, el mayor reto de Sucre no es técnico, es institucional. Necesita transitar de una lógica de administración periódica a una lógica de gobernanza estratégica.
Eso implica:
– Continuidad de políticas más allá de ciclos electorales.
– Instrumentos de planeación vinculantes y evaluables.
– Coordinación multinivel efectiva.
– Participación del sector privado y la academia en la definición de apuestas productivas.
– Datos y tecnología al servicio de la toma de decisiones.
La tecnopolítica territorial no es digitalización superficial. Es el uso estratégico de información, planificación prospectiva y gestión inteligente para orientar el desarrollo.
¿Qué decisión histórica está pendiente?
Sucre tiene activos, pero no ha definido con claridad su posición en la división territorial del trabajo del Caribe y del país.
¿Será un territorio proveedor de materias primas? ¿O un nodo agroindustrial y marítimo competitivo? ¿Será una periferia administrativa? ¿O un actor regional con identidad productiva clara?
A los 59 años, el departamento enfrenta una disyuntiva estructural: continuar administrando limitaciones o activar una visión integral de desarrollo. El potencial está identificado. Las brechas están diagnosticadas. Los instrumentos existen.
Lo que falta es una decisión política sostenida en el tiempo.
No se trata de conmemorar años institucionales. Se trata de asumir que el desarrollo territorial no ocurre por acumulación espontánea, sino por diseño estratégico.
Sucre no necesita más celebraciones simbólicas. Necesita un pacto territorial de largo plazo que convierta sus ventajas comparativas en ventajas competitivas reales.
La historia no se detiene. La pregunta es si el departamento seguirá llegando tarde a las oportunidades o si, finalmente, asumirá el liderazgo de su propio destino.